domingo, 29 de enero de 2017

Esmérate por sacar buenas calificaciones.

Esmérate por sacar buenas calificaciones.


Eran las 8:00 a.m. de un día miércoles, llegué puntual a la escuela de mi hijo, “no olvide venir a la reunión de mañana, es obligatoria", fue lo que la maestra me había dicho un día antes.

“¡Pues, qué piensa esta maestra!, ¿crée que podemos disponer fácilmente del tiempo a la hora que ella diga?, sí tan sólo ella supiera lo importante que era la reunión que yo tenía a las 8:30 a.m. de ese día, de ella dependía un buen negocio y por culpa de ella tendré que cancelarla."


Ahí estábamos todos, papás y mamás, la maestra empezó puntual, agradeció nuestra presencia y empezó a hablar. No recuerdo qué dijo, mi mente divagaba pensando cómo resolver ese negocio tan importante, ya me imaginaba comprando esa nueva televisión con el dinero que recibiría.

"Juan Rodríguez!”, escuché a lo lejos, “¿no está el papá de Juan Rodríguez?”, dijo la maestra.
“Sí, aquí estoy”, contesté al tiempo que me levantaba para pasar al frente a recibir la boleta de mi hijo.

Regresé a mi lugar y me dispuse a verla, “¿Qué es esto?, ¿Para ésto vine?, la boleta estaba llena de séises y sietes.

Guardé las calificaciones inmediatamente, escondiéndola para que ninguna persona viera las porquerías de calificaciones que había obtenido mi hijo.

De regreso a casa aumentó más mi coraje a la vez que pensaba:
“Pero, ¡si le doy todo!, ¡nada le falta!, ¡ahora sí le va a ir muy mal!”
Llegue, azoté la puerta, entré a la casa y grité: “¡Ven acá Juan!"
Juan estaba en el patio y corrió a abrazarme, diciéndome, “¡Papito!” y yo le dije: “¡Qué papito ni que nada!”, le tiré la boleta de las calificaciones en la cara, lo retiré de mí, me quité el cinturón y no sé cuantos azotes le dí, al mismo tiempo que decía lo que pensaba de él; “¡¡¡¡ Y te me vas a tu cuarto!!!”, terminé diciéndole.

Juan se fue llorando, su cara estaba roja y su boca temblaba, mi esposa no dijo nada, sólo movió la cabeza negativamente y se metió a la cocina.

Por la noche, cuando me fui a acostar, ya más tranquilo, mi esposa se acercó y entregándome la boleta de calificaciones de Juan, me dijo: 
“Léelo despacio y después toma una decisión...”

Al leerla, vi que decía: 
Boleta de calificaciones, calificando a papá:

Por el tiempo que tu papá te dedica a conversar contigo antes de dormir: 6
Por el tiempo que tu papá te dedica para jugar contigo: 6
Por el tiempo que tu papá te dedica para ayudarte en tus tareas: 6
Por el tiempo que tu papá te dedica saliendo de paseo con la familia:7
Por el tiempo que tu papá te dedica en contarte un cuento antes de dormir: 6
Por el tiempo que tu papá te dedica en abrazarte y besarte: 6
Por el tiempo que tu papá te dedica para ver la televisión contigo: 7
Por el tiempo que tu papá te dedica para escuchar tus dudas o problemas: 6
Por el tiempo que tu papá te dedica para enseñarte cosas: 7
Calificación promedio: 6.22

Los hijos habían calificado a sus papás. El mío me había puesto séis y sietes, (sinceramente creo que me merecía cincos o menos). Me levanté y corrí a la recamará de mi hijo, lo abracé y lloré.
Me hubiera gustado poder regresar el tiempo, pero eso era imposible. Juanito abrió sus ojos, aún estaban hinchados por las lágrimas, me sonrió, me abrazó y me dijo: “¡Te quiero papito."

¿Te has puesto a pensar qué calificaciones te darían hoy tus hijos si tuvieran que calificarte?; Esmérate por sacar buenas calificaciones..

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